
Efectivamente, puede pasar que algo, alguien o algún lugar una vez que entren en ti lo hagan agarrándose con las uñas del fervor y jamás salgan.
No hablare de los “algos” que misteriosamente acaban siendo vitales e imprescindibles en tu vida, básicamente porque soy poco fetichista. Además los “algos” pueden comprarse/venderse/robarse… y son finitos –como todo, todo es finito- soy poco apegado a los “algos. Tampoco hablaré de alguien, como todos tengo la mochila de mi vida con amores y desamores que de un modo u otro han sido indispensables, además sería indiscreción decir según que de esos seres que te cogen o han cogido de la mano en el viaje…. Pero haberlas, que han entrado como tsunamis y que por ahí se han quedado haylas.
Los algún lugar…. Eso es otra cosa, ¿Quién no ha paseado por avenida, ciudad, país y se ha quedado embrujado/a…? A mi me ha pasado con un continente –si eso es mucho decir es verdad-
He tenido la suerte de viajar a ese lugar en varias ocasiones, unas por placer y otras para llevar “algos” a personas más necesitadas que tú que estás leyendo estas letras que yo golpeo desde mi portátil. Ahora debería de buscar por mi mente palabras para describir lo que siento por ese continente cercano, ordenarlas y escribirlas como si fuera hilvanando una historia de amor, pero la verdad es que creo que no tengo palabras, y que de tenerlas no sería capaz de colocarlas del modo correcto. Así que, como todos hemos escuchado, y dicho, en más de una ocasión que una imagen vale más que mil palabras, (cosa que podríamos discutir, porque para decirlo hay que utilizar 7 palabras) aquí van unas cuantas imágenes de ese fascinante y viejo lugar.
