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jueves, 3 de enero de 2013

COMO ES COSTUMBRE; EL PRIMERO PARA ADULTOS.

Hacía siglos que no te veía, y ahí estabas, guapa y radiante, distante, lejana y bella como siempre. Mirabas un escaparate de una bollería de estas pijas que sirven pastas que parecen una joya.


Te tape los ojos acercándome a tu cuerpo desde atrás, te dije. –Adivina quien soy?-, te giraste sin sorpresa, me abrazaste despacio y me diste dos besos casi sin rozarme las mejillas.

–Hace mil años que no te veía, guapa-

-Ni, tu, ni yo somos tan viejos. Jajajaja- Reíste al contestar

Seguías como siempre; delgada, media melena casi pelirroja. Elegante. Embutida en un traje chaqueta negro, camisa blanca, sin joyas ni pendientes, sin reloj ni tiempo. Ligeramente pintada tu cara y tus ojos grandes y tristes, tus uñas largas de color malva casi negro, bajo tu falda, que justo cubría tus rodillas, se adivinaban unas medias tupidas y negras. (No pude evitar imaginar de qué color sería tu ropa interior.)

Tomamos una copa, y sorprendía a propios y ajenos que una mujer como tú, tan gentil y refinada bebiera la cerveza a morro mientras mantenía una compostura digna de la reina madre de Inglaterra. Las típicas preguntas tras años sin saber de ti, desde aquel día que marchaste a Bruselas con un curriculum brillante bajo el brazo, una ambición en el bolso, y mi risa en tus bolsillos. – Qué tal tu marido?- cómo va el trabajo?- qué haces aquí?- no te pregunto cómo te trata la vida, es obvio que te trata bien…. Reíste mostrando el nácar de tus dientes. –Jajajajaja, cuantas preguntas de las que te da igual la respuesta, esta tarde marcho, vuelvo a Bruselas, pero aún no es esta tarde y tengo frio, y tengo una habitación de hotel vacía, y tengo ganas de que no hagas preguntas.-

Siempre fuiste directa. Entramos a la habitación de Hotel. Blanca e impersonal. (Una habitación de hotel al fin y al cabo) todo ordenadísimo y aseptico, como si no estuvieras allí, como si no hubieras estado ni un segundo. Las maletas recogiditas y escondidas en el armario.

No dijiste palabra, subiste la calefacción, me cogiste de la mano y mientras abrías el grifo de la bañera metiste tu lengua en mi boca, tu mano mojada y sus uñas malva casi negras empezaron a desabotonar mi camisa. La tiraste al suelo y tu lengua siguió enardeciendo mis labios, mi boca, mi barbilla. Tus dientes mordieron ese lugar. Tu lengua siguió bajando; cuello, nuez, orejas, mi pecho y mis pezones se rindieron a la humedad de tu boca.

La bañera estaba llena de agua, yo desnudo y lleno de deseo. Tú vestida y traviesa. Me invitaste con gestos a entrar en la bañera. Diste media vuelta y trajiste una botella de cava de la neverita del hotel. -Mira- dijiste. Abriste la botella, serviste una copa, bebiste las burbujas del cava helado y compartiste el líquido de tu boca a la mía. Te desnudaste despacio. Comprobé que, efectivamente, tu ropa interior era negra y ceñida a tu piel.

Entraste en la bañera desnuda, con tu media melena casi pelirroja y ni un solo pelo más en tu cuerpo. Yo estaba tumbado con el agua caliente acariciando todo mi cuerpo y tú te sentaste haciendo desaparecer la parte de mi cuerpo que más dura estaba en el interior del tuyo. Tu humedad y calor competía con la del agua. Y creo que ganaba. Seguimos así un rato, tu lengua y la mía estaban locas lamiendo, besando, mordiendo ese cuerpo que tantas heridas dejo en la piel y en el alma muchos años atrás. Me cabalgabas haciendo que entrará y saliera de ti a un ritmo endiablado, despacio, endiablado otra vez. Ufffff. Mi cara cambio, tu viste que aquello acabaría pronto. Saliste de golpe dejando mi hombría rígida y latiendo.

Tu piel brillaba con el agua, la mía con el deseo. Te apoyaste en un banquito de la bañera, ofreciéndome el brillo de tu feminidad. Recogí más cava de tu boca y baje, baje, baje, deteniéndome en todos los lugares dignos de parada, y me entretuve, claro está, en ese lugar tan deliciosamente gozoso, lamia sin parar mientras sentía tus muslos apretando mis orejas (como en la canción de Raimundo amador, esa que dice Ay! Qué gustito pa mis orejas, enterradito entre tus piernas….)

El deseo explotó en el sur de tu ombligo inundando mi boca y recorrió, como una descarga eléctrica azul, todo tu cuerpo. El agua ya andaba algo fría.-daba igual- Me miraste con esa cara de hembra impenitente que ya sólo recordaba en mis sueños onanistas. Cogiste esa parte de mi sobre la que antes estabas sentada. Escupiste tu saliva sobre ella y apoyaste tus manos sobre la pared del baño ofreciéndome, de espaldas, los dos lugares a los que se puede entrar. –Ya sabes, que me gusta andar por caminos poco ortodoxos- dijiste sonriendo. Entre en ti, haciendo más fuerza, mucha más que la necesaria para entrar en otros lugares. Gemías. Yo rugía. Agarraba tu pelo. Te movías como una diosa a la que intentarán privar de su divinidad. Y, finalmente, mientras mis dedos intentaban acariciar tu otro agujerito estalle en un blanco placer dentro de ti.

Nos separamos despacio. Me secaste con una toalla negra, te secaste con la misma toalla. Fuimos a la cama. Me dijiste. – Aún no es por la tarde, aún tengo algo de frio, Aún queda cava, y esta cama parece mucho más cómoda que la bañera…. Sonreí

9 comentarios:

  1. Hermoso texto, hermosa manera de contarlo...

    No está nada mal empezar el año de este modo, ojalá haya muchas mañanas, tardes y noches como esta!

    Una abraçada forta

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  2. Bonita manera de empezar el año, que suerte la tuya yo cuando veo viejos amigos estan calvos y con barriga grrrrrr

    Un besazo!!

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  3. Me engancha la sinceridad de tus palabras.

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  4. Genial leerte
    en el sur de tu ombligp
    te felicito carlos

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  5. Niño me ha encantado la manera de explicar un encuentro que a mi me gustaría experimental.

    Un beso y feliz año!

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  6. Que elegante eres. Muy bonito. Feliz año.

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  7. Muy buen post... es sensual, sexual, calido y profundo a la vez que caliente...

    Besos, Carlos!

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  8. Tienes una narrativa que hace que el lector disfrute mucho ,hablo de mi caso,con todo lo que escribes.Un excelente post que ha valido la pena leer.

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