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miércoles, 18 de diciembre de 2013

QUÉ VOY A DESEARTE.?



Que sigas creyendo en los sueños y en las esperanzas abandonadas en el fondo de la caja de pandora. Que las estrellas que buscas las encuentres en mi mirada mientras escuchas mi voz y notas mi aroma cerca de tu pelo.

Que en tu copa siempre sobre un poco de vino,  que se llene tu mesa de peces y pan. De bexos tus manos.

Que en tu cama se repose sobre mantas de plumas, sueños y orgasmos, que descanses mecida entre los latidos de mi pecho, mil flores, mil besos y algún verso.

Que te ennoblezcan los años y dejen en tu corazón esperiencias, certezas y sueños cumplidos entre tus dedos.

Que reposes todas las noches, incluso en aquellas en que las estrellas andan solas, que te tropieces conmigo en tus sueños, jugando con el pelo que cae por tu cara, que me toques con mi recuerdo.

Que no florezca la sal en tus heridas, que quien tu más quieras siempre sople en ellas. Que tus pies caminen descalzos pisando la arena de cien playas desiertas de desesperanza y llenas de futuro

Que se claven mis ojos en tu mirada, que los recovecos de mi pecho sean tu almohada en las frías noches de invierno.

Que un ligero susurro de bienestar baile de puntillas por tus pestañas, mientras se clavan mis ojos en tu mirada como se clava la verdad y la razón en el tiempo.

Que el cartero de Neruda no pierda tus cartas ni sus sellos, que encuentres lo que buscas en aquel lugar en que habitan mis besos perdidos.

Que las estrellas vespertinas se engarcen en tu pelo y entre cintas de color índigo brillen en tu espalda, esa que desea recorrer mis dedos.

Que encuentres las caricias robadas, las perdidas y las que no te he dado. Que la risa, la sonrisa, de tus seres queridos recorra los pasillos y salones de tu casa, los bosques que pises y los ríos que saltes.


Que sigas aquí. Que sigas siendo y estando.

jueves, 28 de noviembre de 2013

DERECHOS Y desESPERANZAS


Repican las campanas a duelo
por los derechos perdidos,
Por todo este desconsuelo.

Permitidme que empiece esta entrada, (que aún no tiene titulo) con estas trece palabras que algún día tal vez sean un poema. Lo cierto es que la vida, como decía Violeta Parra nos a dado tanto. Pero es que últimamente nos encontramos ante situaciones absolutamente incomprensibles, inaceptables. Parece que lo quieren quitar todo.

Dicen que hay, que continua, una tremenda crisis que debemos pagar rescatando bancos. Tal vez sea verdad. Pero no quiero pecar de osado, o tal vez de necio, dicen los periódicos, (incluso los más conservadores) que el porcentaje de ricos ha subido desde la crisis, y que los ricos lo son más que antes. –no sé el porcentaje ni voy perder tiempo en buscarlo- pero creo que rondaba el 18%. Que la brecha entre ricos y pobres anda por el 30%.... que digo yo, y disculpen la ingenuidad, si antes habían 1000 manzanas  500 repartidas entre 10 o 12 y 500 con las que nos apañábamos el resto y ahora hay 900 manzanas 750 repartidas entre 10 o 12 y 150 para que nos apañemos el resto…. Pues, oye!!!! igual no  es crisis es otra cosa.

Se aprueba hoy una ley de educación sin ningún consenso. En contra de padres, alumnos, oposición, profesores, rectores de universidad…. Una ley que parece tan sólo gustar  a quien la hizo. Al parecer impulsado tan sólo por motivos ideológicos (joder si incluso darán subvenciones –no había crisis?- a colegios que segregaran por sexos. Retiraran filosofía… no nos de por pensar.)  Y mil cosas más
El expresidente de los empresarios dice que no sabía que debía  pagar impuestos a hacienda y pide justicia gratuita.

Trabajadores  de limpieza, que ganan menos de 1000€ al mes, permanecen 15 dias en huelga para defender sus puestos de trabajo, los pocos derechos que les quedan el pan de sus hijos y el calor para las noches de invierno. Lo consiguen, no sin ceder dinero y aceptar perdidas. La alcaldesa de Madrid criminaliza su actitud y pretende que se “”regule”” el derecho de huelga. Como pretende que se quejen? A besos? Poniendo sus chaquetas en la acera para que ella las pise mientras va del coche oficial a la peluquería? En su casa calladitos?

Instalan cuchillas, concertinas les llaman, por si poniendo un nombre poco conocido los filos de acero dejaran de reventar la piel y los sueños de aquellos que buscan un mundo mejor. Colocan cuchillas en las vallas que separan  esta mierda edulcorada de la mierda sin azúcar ni trampas que hay más allá, al sur, de las fronteras de Ceuta y Melilla. El presidente del gobierno tiene la desfachatez de decir que no sabe si las cuchillas cortan o no… Y un tipo así nos gobierna?

Privatizan la sanidad. Como si unos tuvieran más derechos que otros para curarse un cáncer o un hueso roto, como si el dolor fuera objeto de mercado. Privatizan la educación, claro, como va a ser que un hijo tuyo o mío pueda codearse con un hijo suyo. Pretenden leyes que criminalicen la huelga, la queja, el derecho a disentir a gritar que no estoy de acuerdo.

Quitan ayudas a los desempleados, argumentando que se aprovechan de la sociedad. Protegidos en su hemiciclo la hija de un condenado por defraudar a hacienda y que con una desvergüenza propia de un actor porno de los 80, no se inmuta al decir que su fortuna es debida a que le toco 4 ó 5 veces la lotería, grita “que se jodan”.

Y tantas, tantas otras cosas que no hacen más que llenar de decepción nuestra alegría y nuestras venas.

Parece que todos los días nazcan muertos, como los lunes sin pan, o las mañanas sin tus besos. Da la sensación de que pretendan que nuestros sueños se diluyan en sus cuentas corrientes como se diluye el azúcar en el café. Que se hundan chocando con el iceberg de su desfachatez como se hundió el titanic.

Hemos traspasado, nos han obligado a traspasar, demasiadas líneas. Hemos perdido demasiados derechos. Da la sensación de que se ha atravesado esa puerta que atravesó Dante en la que si miraban fijamente podías leer “abandone toda esperanza aquel que atraviese esas puertas”. Eso pretenden que perdamos la esperanza, los sueños. Que nos resignemos. Es cierto. Parece que hasta la esperanza se ha perdido.

Pero, tal vez las esperanzas habiten en ese lugar en el que habiten los poemas no escritos, las canciones no recitadas, el brillo de tus ojos cuando me miras. Tal vez la esperanza como los viejos dioses como el ave fénix resucita siempre, ya que anida en tu corazón y en el mío, en los corazones de todos aquellos que queremos un mundo mejor para todos. Descansa en las manos de todos aquellos que sabemos que es posible. Que si se puede.

Escupen contra la decencia. Nos quedan las mareas verdes, azules, blancas. Nos queda la ola y el aprendizaje de las madres y abuelas de la plaza de mayo, y de tantas otras, que nos enseñaron que la única batalla que se pierde es la que se abandona. Las viejas consignas de no pasaran. Nos queda saber que según que reclamaciones, según que luchas se han de mantener porque es justo, porque lo exige la dignidad y el honor, se han de mantener aunque el triunfo sea difícil, duro y escaso o incluso aunque se pierda. Puede que algún día encontremos arena de playa bajo algún adoquín ves a saber…


Es cierto, ellos tampoco van a abandonar. Tal vez la diferencia entre ese tipo de gente, y tu, y yo es que yo no pretendo ningún mal para nadie. No pretendo quitar nada a nadie ni que me mantengan, ni vivir del sudor o ahorros del prójimo. Quiero que no quiten nada a ninguna persona, quiero y quiero porque se puede. Quiero que dejen de caer hostias sobre los de siempre y que no caigan sobre ningún otro. (ni tan sólo sobre aquellos que llevan tanto tiempo dándolas, por más que se lo merezcan) Quiero que todos vivamos tan bien como sea posible.

lunes, 18 de noviembre de 2013

UN POEMA PARA TI.

Aquí tienes mis alas, cógelas son tuyas
muévelas con fuerza, sin miedo.
No temas ni saltos ni rompeolas,
ni a los Lestrigrones. Vuela.

Aprende de mi experiencia
repite mis errores y desastres
besa con fuerza, bebe despacio
acaria , mucho y con vicio

Respira, sueña, vive, vuelve siempre a ti
aguanta el corazón en las manos y en tu pecho.
Aquí tienes los colores de mi hilo de Ariadna
su principio su final y hasta su olvido

Aquí tienes mis manos que son tu manta
aquí tengo tu sonrisa que es mi abrigo.
Juguemos a  hacer, con papel, aviones

a salir volando, a ser amigos

viernes, 8 de noviembre de 2013

HAIKU

Mis besos perdidos
quiero encontrarlos
al sur de tu ombligo

jueves, 24 de octubre de 2013

DÉJAME QUE TE CUENTE


Siéntate un ratito conmigo. Siéntate y abre ese vino que guardas para las buenas ocasiones. Yo traigo aquí un ramillete de canciones y un paraguas, que aunque no abriremos jamás, podrá servir por si llueve. Siéntate conmigo y déjame que te cuente. Déjame que te cuente que cuando te marchas mi cama queda fría y algo vacía. Que no siempre digo la verdad, ya ves con los años yo también he aprendido el oscuro arte de mentir cuando la vida obliga a hacerlo, pero que miento muy pocas veces.

Déjame que te cuente, aunque tal vez ya lo sepas, que tengo muy mal genio, pero que soy incapaz de odiar, y que al final de los finales siempre acabo dando más peso a las cosas buenas, incluso a aquellos amigos que tal vez no se lo merezcan.

Que a veces echo de menos el lago que habita en tus besos, que no me gustan las despedidas ni el acre sabor que deja el recuerdo. Que para siempre no es tanto tiempo, tan sólo  los momentos en los que estemos vivos. Que me gusta beber de tu boca, enredarme en tus manos, perderme en tu pelo, soplar tus heridas, enviarte una poesía, atraparte en mis dedos, que me mires y sonrías, que te encuentres en el color de mis ojos, que existas, que seas y estés. Que me gustaría ser el lugar donde te escondes,  tu momento de recreo, tu mejor canción, la caricia de tus sombra, el poema con el que des la bienvenida al día, el murmullo que derrame sonrisas en tu boca. O, fíjate, el héroe de tus sueños que te salva en esas madrugadas grises y desagradables sin estrellas que acaricien el alma. 

Déjame que te cuente alguna de mis batallitas, como que me crié saltando entre almenas de un castillo en el que aprendí vida  y me rompí huesos. Tal vez por eso me encante soñar y aunque procuro tener los pies en el suelo mi cabeza se encuentra muy cómoda en el cielo.

Déjame que te cuente que no todas las palabras se las lleva el viento, algunas quedan engarzadas en el alma como un brillante en el mejor oro,  ese que  acaricia tu cuello o tus dedos.

Déjame que te cuente que a veces le escribo al viento, a veces a nadie. A veces a vos.

Déjame que te cuente que hay heridas que no se curan, que echo de menos a la persona que llamaba cirerer a mi sobrino y que no le puso nombre a mi hijo, su magia y sus dedos, su mirada fría llena de calor, de espurnas que revolotean en el aire diciendo “”cuidadito””. Su sombra, sus cometas de caña y plástico, sus aviones de papel, sus barcos de corcho y madera, pechinas en sus manos…. Su magia.


Déjame que te cuente que me gusta el olor de la nuez moscada recién molida y el de tu cuerpo al salir del agua del mar en las noches de verano. Que las mejores palabras se dicen en silencio, sin ruido. Que entre el blanco y el negro es mentira que haya toda una escala de grises… Hay un enorme manojo infinito multicolor. Ves a saber, tal vez, un arco iris que lleve a ese lugar en el que vale la pena intentarlo, en el que habitan nuestros sueños.

miércoles, 9 de octubre de 2013

SIEMPRE HAY UN BARCO QUE NAUFRAGA EN MADRID.

Tal vez, como siempre me pasa en estas fechas, el principio del Otoño y la caída de las hojas acres y las nubes con formas de dragones sin fuego me pille algo melancólico, sensible, emotivo y con sueños en las pestañas. No sé. Quizás sólo sea el polen que invisible vuela por el aire sobre las margaritas que siempre dicen que me quieres, y sobre las golondrinas que regresan. No sé.

El caso es que este hombre que soy. Mediterráneo. Acostumbrado a ver el mar casi a diario, a que la única visión infinita sea el eterno azul de Poseidón. Tras él montañas de mirada cercana y finita. Montes que aquí, en mi tierra, abrazan como una madre celosa el azul añil y sus ciudades. El caso, como decía, es que me he enamorado de una ciudad sin Mar. Una ciudad cuyas vistas Mesetarias son infinitas y dejas de ver allá donde los ojos y sus dioptrías  llegan.

Es verdad, no es la primera vez que mis pies hollan ese lugar donde se cruzan los caminos, donde no se concibe el mar. Pero, mira, no siempre uno se enamora a primera vista. Tal vez como da la sensación de que nadie es de allí, hace que cualquiera se sienta como en casa. Como en un pequeño barrio por grandes que sean los edificios que expanden sus sombras sobre tu espalda.

Alguien decía que “ Siempre hay un motivo que me lleva hasta ti, que ha muerto el silencio en las calles de Madrid”  Quique González “desde las ventas hasta chamberí…” dice  El maestro Sabina, “ Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid” El admirado Ismael  en su poesía abrazada de música decía “soy afortunado vuelvo a Madrid”.  Y tantos, tantas canciones tantas imágenes. Y, yo, yo también soy afortunado, porque no sé cuando, pero volveré a Madrid.

Tal vez fuese el Piccolo jugando por Chueca.  Haciendo gracias en otro idioma por las terrazas de Malasaña mientras cerveza helada “bientirá” recorría mi garganta. Que se perdiera tres segundos por los mercados de ostras, vino y copa grande, callos y arroz. Ves a saber. O los rizos, que como un reloj de bronce nos acompañan, jugando con un vientecillo que nunca ha pasado por el tamiz de la sal del mar pero que trae recuerdos de libertad de lucha. Las pintadas por las paredes que recuerdan que hay una dignidad que jamás conocerá el vencedor. No sé. Y puede que ese no saber sea lo mejor de todo.

El puente donde ya casi nadie se suicida. Los bares de la Latina y un vermuth compartido en casa de un anciano rey de vinos. Ratos de hablar, casi olvidados del reloj y su esclavitud, de todo un poco. De todo. De nada. De lo que ha pasado recientemente de su miel y su hiel, de lo que queremos que pase en días por venir. Libros y poesía. Hijos y Nietos. Abrazos de bienvenida. Abrazos de hasta luego. Una comida de viernes pendiente y copas de cada día por beber.

Madrid, un lugar al que ir, al que volver, en el que perderse por mercados de San Miguel y de San Anton, por calles cuyos nombres desconoces y no te importan. Camareros en Chueca que te dan unas copas y una cuerda  con la que jugar y atar entretenido al pequeño regalo de la vida. (ves a saber de donde sacó ese hombre una cuerda detrás de la barra) las sonrisas las sacaba de dentro, y eso, oye!!, se agradece.

Madrid. Un laberinto de sensaciones, que se agazapan en el zaguán de los buenos momentos.  Un lugar en el que tienes la sensación que encontrarás un amigo. Puede que para el momento en que lo necesites. Tal vez para siempre.


Por esta vez, permitirme que acabe con una canción. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Xocolat


Es verdad, no podemos negar que el mundo está repleto de cosas oscuras, grises y desagradables. Eso es así. Pero también hay pequeños momentos  y pequeñas cosas, que nos proporcionan felicidad y satisfacción. No siempre esos instantes, esas cosas, son necesariamente difíciles o inalcanzables. Por aquí, por estas letras y estos rincones, hemos hablado de vino y café, de cerveza y copas. De vida y de muerte. Risas y lágrimas De noches perdidas, de noches ganadas, de momentos en que los besos pecaminosos ganan más que los besos que quedan prendidos en el aire, perdidos en tu boca.

 Ahora que parece que el sol empieza a marcharse a otros lugares dejando tormentas como siempre hace, al menos en esta tierra. Y se marcha dejándonos sin escusas parar seguir siguiendo Permitirme hoy ser algo más trivial. Hablemos de algo, a priori, poco sublime.

Del Chocolate, dejadme hablar de ese pequeño placer casi pecaminoso, casi onanista que es el chocolate. Ese pequeño placer que se disfruta en solitario. En esos momentos en que duerme la ciudad y que ya ha pasado el día dejando, posiblemente, preciosas palabras pugnando por salir de esa prisión que es la boca y de ese cruel carcelero, que muchas veces, durante el día, es la lengua.

Ese momento en que ha acabado la jornada, sus papeles, reuniones y sinsabores.  Todos duermen, el mundo descansa y te has quedado tú sólo contigo mismo, en las acogedoras alas del sofá y de tu recuerdo. Una pequeña onza de chocolate entra en tu boca. Chocolate sin leche, fuerte, mínimo 70% de cacao. Explota en las estrellas del cielo del paladar, como revientan las cucañas que guardan regalos y flores para los más pequeños, inundando  tu boca de ese sabor peculiar, indescriptible, tremendo, fuerte, entre dulce y amargo , como los besos que no  esperas,  esos que duran unos cinco segundos. Amigos, se para el mundo, es una tontería, nada serio ni trascendental pero el mundo se detiene un segundo. Y ese sabor que anega tu boca lleva a ese instante que hay entre tu sístole y tu diástole paz mecida en hamacas.

Tal vez sea el momento de repasar lo vivido horas atrás, lo bueno y lo malo. Pero el roció de chocolate que deja ese sabor en tu boca, mientras deseas dar otro mordisquito a la onza cada vez más pequeña, te invita a recordar lo bueno. Ya ves, sucede a veces que a pesar de lo obsceno de la vida. De vivir en un mundo repleto de problemas. En un lugar donde clavamos a un Dios y perdonamos al ladrón malo, tiene el fin del día y el inicio de la noche ese momento minúsculo en el que parece que nada importa, que todo esté en armonía como si la brisa que recorre las calles trajeran el susurro de un te quiero a mi oído.

Poco importa la prima de riesgo, la hipoteca, esa chica que no te mira, el ascenso que no obtienes, el color rojo de tus números en la cuenta corriente, el libro que aún no has escrito, el que aún está por leer, el vino que aún no has bebido, esa llamada por hacer…. Tan sólo importa respirar despacito, no escuchar nada, quizas  sólo esa canción que tanto te gusta, seguir leyendo poesía o el libro de turno y dar otro mordisquito a esa, cada vez más pequeña, onza de chocolate. Si. Sí ahí, en ese tercer o cuarto mordisco cierras los ojos es como escribir cartas al cielo o pintar una luna nueva sin nubes. Un antídoto contra la ordinariez y la monotonía. Un antídoto sin más

 Hay semillas que germinan en la tierra, fíjate, me da por pensar que algo, tan poco significativo, como un trocito de chocolate puede germinar en el corazón. Ayudar a ahuyentar los demonios y las penas.


Seria genial comerlo mientras miro como duermes. O compartirlo, tal vez acurrucada en los recovecos de mi pecho, mientras la vida pasa y las aves de invierno vuelven. No sé, es posible que los días por venir sean diferentes y la realidad del color que más te gusta.