No, no me refiero a la canción de Rosendo (que por otro lado no está nada mal) sino a los diferentes talantes que podemos observar en distintas personas al enfrentarse a este estrecho y arduo sendero plagado de hojas y estambres de azaleas y crisantemos, que es la vida. No sé muy bien si una casualidad o un regalo de dioses que nos tienen olvidados, pero un regalo al fin y al cabo. Regalo que tan sólo nos exige ser felices.
Hay quien nunca alcanza sus sueños porque nunca está lo suficientemente despierto para logarlos o luchar por ellos, y se pasa la vida perdido como una gaviota en el centro de Madrid, como un mendigo en galerías Lafayette. Dejándose llevar por los deseos de los demás, cobijados siempre bajo las faldas o los fuertes brazos de alguien.
Quien piensa que la vida no es más que un ensayo, una especie de entrenamiento o preparación para lo que ha de pasar, sin darse cuenta que no, que la vida no es lo que ha de pasar, lo que ha de venir. La vida es lo que está pasando. Lo que está pasando aquí y ahora. Hic et nunc que decían nuestros abuelos del lacio.
Hay quien decide perdérsela llenando su cuerpo de anfetas, penas y alcohol lamentándose a todas horas por olvidados y tristes rincones de ciudades y almas pérdidas que no le escuchan, de su negra suerte. Suerte que nunca hicieron nada por cambiar. Que nunca harán nada por cambiar.
También hay personas que deciden no perderse ninguna parte de atrás del coche, ninguna sensación, ninguna alegría, ninguna fiesta, ninguna oportunidad, ninguna gota de vino. Y hay quien se pierde, para siempre, enamorado de la poesía que escribe sin letra, en el aire lánguido de otoño, el movimiento de tus caderas.
Hay quien nunca se pierde en ningún lugar, en ninguna cadera, en ningún escote descarado, en ningún movimiento de tu pelo, en ninguna mirada, y tal vez por eso, precisamente por eso se pierden la vida.
Hay quien entra descalzo y desnudo de prejuicios en esta orgía que es la vida. Quien se come a bocados y sin piel todas las manzanas prohibidas y quien nunca se come nada.
Hay quien nunca ha leído a Jean- Paul Sartre, -ni puta falta que le hace-, para saber que el hombre nace libre, responsable y sin excusas. Así viven su vida; libres, responsables y sin excusas. Supongo que la mejor manera de vivirla
Hay quien nunca alcanza sus sueños porque nunca está lo suficientemente despierto para logarlos o luchar por ellos, y se pasa la vida perdido como una gaviota en el centro de Madrid, como un mendigo en galerías Lafayette. Dejándose llevar por los deseos de los demás, cobijados siempre bajo las faldas o los fuertes brazos de alguien.
Quien piensa que la vida no es más que un ensayo, una especie de entrenamiento o preparación para lo que ha de pasar, sin darse cuenta que no, que la vida no es lo que ha de pasar, lo que ha de venir. La vida es lo que está pasando. Lo que está pasando aquí y ahora. Hic et nunc que decían nuestros abuelos del lacio.
Hay quien decide perdérsela llenando su cuerpo de anfetas, penas y alcohol lamentándose a todas horas por olvidados y tristes rincones de ciudades y almas pérdidas que no le escuchan, de su negra suerte. Suerte que nunca hicieron nada por cambiar. Que nunca harán nada por cambiar.
También hay personas que deciden no perderse ninguna parte de atrás del coche, ninguna sensación, ninguna alegría, ninguna fiesta, ninguna oportunidad, ninguna gota de vino. Y hay quien se pierde, para siempre, enamorado de la poesía que escribe sin letra, en el aire lánguido de otoño, el movimiento de tus caderas.
Hay quien nunca se pierde en ningún lugar, en ninguna cadera, en ningún escote descarado, en ningún movimiento de tu pelo, en ninguna mirada, y tal vez por eso, precisamente por eso se pierden la vida.
Hay quien entra descalzo y desnudo de prejuicios en esta orgía que es la vida. Quien se come a bocados y sin piel todas las manzanas prohibidas y quien nunca se come nada.
Hay quien nunca ha leído a Jean- Paul Sartre, -ni puta falta que le hace-, para saber que el hombre nace libre, responsable y sin excusas. Así viven su vida; libres, responsables y sin excusas. Supongo que la mejor manera de vivirla