Seguidores

sábado, 20 de junio de 2026

Carta C

 Hola Carlos, ha pasado mucho tiempo ya. Diez años concretamente. Yo ya soy un hombre, pues tenía ocho años cuando tuviste aquel accidente. Y aquí sigo, llorando por recuerdos. ¿Qué importancia tiene todo esto si puede acabar de un momento a otro? Tengo muchas preguntas, muchas lágrimas y muchas ganas de verte. 

Sigo dándole vueltas a las cosas, y no puedo parar de llorar por no recordar tu voz. Soy pura irracionalidad buscándote por las calles para poder encontrarnos y hablar como si no tuviese que escribir esto ahora, que me dijiste lo orgulloso que estás de mi, y alguna cosa de las que solo tu sabes.

Te quiero, he aprendido y sigo aprendiendo mucho de ti y de tu muerte. Aunque todo lo que recuerdo de ti está distorsionado de tanto rebobinar mi mente, y no soporto este dolor de cabeza.

Gracias por darme lo que tengo. Gracias a ti tengo una carta de mi misma edad, tengo la más querida selección de objetos que procuro no tocar sin registrar cada momento, tengo comidas familiares en las que las sonrisas más doloridas que he visto narran historias que traen más dudas,

tengo los textos más valiosos con lo que me he topado a mi disposición

tengo unas cuantas anáforas del Sabina

tengo más de cien mentiras

también tengo todo este arte maldito, la importancia trastocada.

Pero sobre todo, lo que más tengo es hambre,

hambre de una realidad crudita y poco hecha,

hambre de escribir tantas anáforas como sea posible,

hambre de hacer cosas solo porque tú si las harías, 

hambre de carpe diem, y de toparme con todos lo aforismos que me recuerden a ti, y a que moriré.

Perdón por tanta crudeza, me gusta ver las cosas de esta forma. Ya que la herida no desaparecerá aunque deje de mirar. 

Te echamos de menos desde la vida terrenal. Vamos tirando como dice la Iaia. Tu Piccolo es muy listo, y está en buenas manos.

Perdón por no escribir tan bien como tus hermanos. Nos vemos en sueños.

Tu sobrino el cirerer.

Escrito por: Jordi Costa Vallecillo.