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martes, 14 de diciembre de 2010

NUJOOD


Os preguntareis, qué coño significa Nujood?. Os lo voy a explicar. Pero esta vez no es uno de mis cuentos. Es una realidad, es algo que pasó hará más o menos un par de años. Es algo que pasa cada día. Una y otra vez y no por mundano, en algunos lugares , es menos insoportable.

Nujood, es/era una niña de a penas diez años que vivía en una aldea al sur de Dhamar, más o menos en medio de un desierto de Yemen. Un nefasto día en el que ella, con su pelo revuelto y la fragilidad en los ojos de una niña de diez años estaba jugando. Jugando sola con la arena del desierto. Con unos jirones verdes de su vestido, un verde que jamás contuvo esperanza, y con piedrecitas y arena que encontró en el desierto fabrico una pequeña muñeca. Compañera de juegos. Compañera de deseos y sueños. Compañera de trapo con la que jamás encontró en el desierto una lámpara mágica, ni un genio dentro de ella.

Ese día, como decía, su padre fue a buscarla y le comunicó que ya era una mujer, que ya estaba casada. Que tenia un nuevo dueño. Nujood, en realidad, no entendía nada de lo que le decían. Pero cuando su nuevo amo, su marido 25 años mayor que ella la sacó de lo que ella consideraba su hogar de un tirón, y mientras veía como caía su muñeca de trapo sintió que del mismo modo que se esturreaban las piedrecitas y arenas de la muñeca se esturreaban y perdían por el suelo de adobe de su casa toda su felicidad. La poca felicidad que los dioses reservan a niñas como ella.

Pronto su vida, como la de tantas, fue un infierno en el que todo se había robado, todo se había perdido en los huecos del desconsuelo, se había perdido hasta la posibilidad de decir no. SE había perdido hasta la esperanza que nunca se pierde.

Sentía, con el paso de los días, como si cada granito de arena gritase una maldición que acompañaba su nombre, que acompañaba su magullado cuerpo, que acompañaba su triste vida. Ninguna mano a la que agarrarse, ni hombro en el que enjuagar las diez mil lagrimas que cada día nacían en sus ojos, otrora grandes y brillantes, ahora tristes y lánguidos. Rendición. Tristeza.

No le robaron la inocencia, de un zarpazo como se expresa en los poemas. No. Se la robaron de un golpe, de mil golpes de miembro viril. Violaciones. Desesperación. Desconsuelo. Falta de esperanza. Parte de un hombre que le triplicaba la edad entrando una y otra vez, cada día a cada hora por lugares que jamás soñó que algo pudiera entrar, y menos de modo tan doloroso, tan atroz.

Pasaron 1001 dias y noches. Sin miel, ni calor, ni flores, ni cuentos de principas y hadas que hacen realidad aquello que sueñas. Tan sólo el abandono que sufren las cosas que no se quieren que se dejan tiradas en cualquier esquina hasta que de golpe te apetece usarlas. O patearlas. El sol alto y fuerte parecía desparramar con sus rayos en ese desierto, sobre la pared de madera y adobe donde la encerraban y mal alimentaban, -a cambio de realizar todas las tareas que una mujer adulta debe de hacer-, el calor de ese desierto, como decía no hacia más que molestar sus sueños y calentar su tristeza. LA tristeza más grande que puede albergar el corazón de una niña de 10 años.

Un día, un buen día su madrastra se apiado de ella, y a escondidas le dejo “olvidadas” en un pliegue de su ropa, y con una caricia en el pelo marchito y ajado, un puñadito de billetes y unas cuantas monedas. Y un consejo susurrado al oído, a la oreja sin pendientes; busca una abogada.

El miedo, el terror dio paso a la fuerza. A esa fuerza que nace de la locura y de la desesperación. Nujood, que no sabía leer ni escribir, que no sabía más que sufrir y apretar los dientes ante las violaciones y vejaciones de su marido y los amigos de este huyó, huyó hacia el norte hacia la ciudad . Arrastad y hecha jirones de piel y de alma llego a Sana’a, allí mendigó unos cuantos días hasta que encontró lo que en ese lugar olvidado del mundo consideran un palacio de justicia. Se puso en contacto con Shana Nassef. Su abogada. Aquí continuo su historia. Procesos judiciales hasta que consiguió, ni más ni menos, que el primer divorcio de estas características se dictaminase en Yemen.

Ahora la arena de deseo y esperanza que daba cuerpo al cuerpo de su muñeca ha vuelto a su alma, ha vuelto a su corazón que pon fin bombea sangre caliente y esperanza tibia. La pequeña Nujood ahora tiene sueños, ya sabe leer y escribir. Ahora Nujood quiere ser abogada.

Animo compañera, tu sabes lo que es luchar, así que sé que lo conseguirás. Aquí tienes mis apuntes, que no podrás utilizar, aquí tienes mi apoyo que no podrás emplear. Aquí tienes mis letras y mis abrazos que jamás te podré dar. Aquí tienes un corazón que se solidariza contigo y que te desea lo mejor. Ojalá nuestros reyes de Oriente antes de abandonar tus desiertos para traer mil y una gilipolleces innecesarias para nuestros niños y niñas de 10 años paren por el lugar en el que tu estas y te dejen la fuerza y el aliento de certezas que te pueda hacer falta para aprobar tu carrera. Para que seas la fuerte abogada que serás. Para que liberes a mil niñas esclavas como tu.

lunes, 6 de diciembre de 2010

SEAMOS MALOS

En estas fechas tan próximas a Navidad. Si ya sabéis al “natalis solis invictis” que hablábamos por estos foro hace más o menos un añito. Me apetece ser un poquito malo, que lo seamos tod@s, y que coño, que mejor estas fechas en las que parece que la bondad se tenga que desparramar por nuestros corazones como un tazón de leche de colacao y miel sobre la mesa recién limpita, es cuando propongo ser un poquito golf@s, ser algo malos.

Decía Ovidio hace un montón de años algo así como “Nitimur in vetitum semper cupisque negata” que quiere decir, más o menos; lancémonos a lo prohibido, deseamos lo que se nos niega. Así que vamos a ver si se nos ocurren maldades a las que lanzarnos.

Vamos a abrir, indolentes y despechados las cárceles en las que encerramos sentimientos, pasiones, amistades y fidelidades. Esas cárceles, en las que en ocasiones entramos voluntariamente, o no, y nos abocan a ser muertos en vida. Hagamos lo que nos de la gana, lo que nos apetezca, sin aprobaciones ni decretos. Sin prerrogativas ni leyes. Sin entradas ni salidas. Sin consentimentos ni normas. Sin pedir la venia. Toquémosle, con una sonrisa, el culo al vecin@. A la vida

Robemos, sin pena, las llaves que cierran los árboles inquebrantables de falsos amigos que pronuncian mentiras. Luego tiremos las llaves. Que no nos importe, ni nos de pudor, envolver en un suspiro deseos ajenos para con otras risas decorar nuestros rostros de triunfo.

Vamos a romper el papel de regalo que envuelve el universo, y vamos a disfrutar plenamente de todo lo que ofrece. Escupamos en la cara a la vida, sobretodo a ese tipo de vida que pasa por la calle con el semblante de un comercial que pretende vendernos un producto que no nos interés.

Vamos a ser desobedientes de mentiras y vergüenzas. De ingratitudes y falsas apariencias. Del jefe despechado. Del politico corrupto. De dioses enfadados.

Y puestos en el disfraz de ladrón; vamos a robar todos los meses de abril y guardarlo en nuestro saco de cosas robadas al mistral del noroeste. Las armas a los generales. La comida al que le sobra. Las sombras de tu cama.

Sigamos robando, y hurtémosle con astucia; la chispa de fuego que Prometeo no nos regaló y tomemos así las riendas de nuestro propio destino.

Pesquemos, sin permiso ni autorización lunas de madrugada, riámonos del sol del amanecer, enredémonos a destiempo y sin horas en cabellos ajenos de mujer enamorada, robemos zarcillos a zingaras para regalarlos a quien deseemos. Vivamos sin permiso ni excusas, sin decoro ni vergüenza.

jueves, 2 de diciembre de 2010

VOZ A LAS PALABRAS.

Hace semanas escribí una entrada con el titulo, “Esto no es una bienvenida”. Es evidente que se trataba, se trata, de un texto cargado de tristeza. –Sobraban los motivos- Como pudisteis observar tod@s l@s que seguís estos textos escritos al viento es el único al que no he contestado vuestros comentarios, seguro que entendéis mi silencio, además hay cosas que se dicen sin sonidos, ni palabras y yo, callándome , sin escribir las digo.
Hace unos días, una persona que lee mis palabras, le ha puesto voz en su blog. A sido Beatriz. Ha puesto con mucho acierto y atino sonido a mis palabras y desde aquí os invito a escucharlas.

Gracias Beatriz. Aquí siguen mis letras, -espero que te sigan pareciendo poesía,- ojalá allí siga tu voz, ojala vuelvas a enriquecer alguno de mis textos.
Hace semanas escribí una entrada con el titulo, “Esto no es una bienvenida”. Es evidente que se trataba, se trata, de un texto cargado de tristeza. –Sobraban los motivos- Como pudisteis observar tod@s l@s que seguís estos textos escritos al viento es el único al que no he contestado vuestros comentarios, seguro que entendéis mi silencio, además hay cosas que se dicen sin sonidos, ni palabras y yo, callándome , sin escribir las digo.
Hace unos días, una persona que lee mis palabras, le ha puesto voz en su blog. A sido Beatriz. Ha puesto con mucho acierto y atino sonido a mis palabras y desde aquí os invito a escucharlas.

Gracias Beatriz. Aquí siguen mis letras, -espero que te sigan pareciendo poesía,- ojalá allí siga tu voz, ojala vuelvas a enriquecer alguno de mis textos.

http://beatrizsalas10.blogspot.com/2010/11/esto-no-es-una-bienvenida-carlos.html

sábado, 20 de noviembre de 2010

TE REGALO

Te regalo los nudos que atan las cuerdas de la red de soga desgastada con la que ya no salgo las noches de cuarto creciente a pescar Sirenas.

Te regalo mis palabras, las más dulces, las nacidas en el fondo de la garganta para ser en el oído susurradas. Mis silencios, esos que callan para cortar el aire frío de invierno que separa nuestros labios y formar un puente por el que andan de puntillas tus palabras y mis miradas.

Te regalo esa parte de mi corazón que es sólo tuya, para que con ella hagas lo que te plazca; tal vez estirarlo para fabricarte una cómoda hamaca, o envolverte en él y hacer un vestido ajustadito a las curvas de tu cuerpo, o para que, simplemente, lo guardes en ese cajón de buenos recuerdos olvidados en el que se almacenan los trastos viejos.

Te regalo la llama de mis ojos, tal vez tan sólo reflejo de la eterna hoguera incandescente de los tuyos.

Te regalo el tiempo de mis manos, dedos entrelazados. El olor de tu vientre y de tu pecho, el de detrás de tus oídos que en un bote de cristal antiguo tengo aquí guardados.

Y, te regalo también, un paseo descalzos por arena. Por los objetos intangibles que tengo almacenados en mi baúl de la memoria. El cristal de mi reflejo el espejo azul de mi mirada. Un par de manzanas.

Te regalo los buenos momentos del pasado. Los primeros vinos. Los ojales desojados, las prendas que olvidaste debajo de mi cama, los corchetes desabrochados. Una hogaza de pan de centeno. Mi vieja chupa, escudo de desengaños. Un arañazo en tu espalda.

Te regalo antiguos almanaques con sus días pintados. El tiempo que se ha perdido, extraviado en viejas playas de arena de relojes atrasados. Un jersey de cuello alto. Te regalo, antes de que se rompan o pierdan o caigan, mis pulseras con su aroma. Mi primer reloj ese que no se detiene nunca para recordar que nunca se para el tiempo.

Te regalo las hojas amarillas de Otoños futuros, el sol de los veranos. Un ramillete de estrellas. Los estambres de las Rosas del jardín de mama. Ese lazo que no podrá aprehender el tiempo pero que podrá amarrar tu pelo.

Te regalo una litografía de Wassily Kandinsky, colores explotados como palabras sueltas que crean armonía desatada. Los poemas que no he escrito las canciones que no he cantado.

Te regalo, en fin, mi esencia al fin y al cabo.

martes, 16 de noviembre de 2010

LAS PERSONAS REFLEXIVAS SON MÁS INFELICES.

No, si no lo digo yo, lo dice ni más ni menos que un estudio de la universidad de Harvard de Cambridge publicado en la revista Science y llevado a cabo gracias a una aplicación para Iphone. La vanguardia dixit. Tócate los huevos y baila. (Aburriditos que deben andar por Massachusetts)

Me explico con la noticia de marras, es que parece que soy incapaz de perder la maldita costumbre de empezar el día con un café y con los mentideros diarios, los periódicos que dicen las mismas mentiras que dijeron ayer y que contaran las mismas que escribirán mañana, tal vez cambiando algún nombre o algún lugar, pero vamos, poco más. El caso es que cuando leo alguna noticia, así, interesante, -curiosa más bien- pues me detengo un poquito más. Y esta no deja de ser atípica. Por estupida y estrambótica me refiero.

Al parecer los investigadores, dirigidos por Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert han llegado a esa conclusión a través del análisis de toda la información obtenida gracias a no se que aplicación informática en el Iphone de marras. Y a mi, pobre mortal aprendiz de todo y maestro de nada, no se me ocurriría contradecir las conclusiones de alguien que se llama Killingsworth y mucho menos de alguien que se llama Gilbert.

Las criaturitas de dios concluyen:
Hacer el amor, el ejercicio, la buena conversación, jugar, escuchar música o pasear influyen más en la felicidad que estar “reflexionando” y dándole vueltas a asuntos cotidianos. Nos ha jodido mayo con sus flores y diciembre con papa Noel dando vueltas por los tejados sin chimeneas. A ver, obvio, lógico y normal. Si estas follando de modo salvaje, loco y apasionado lamiendo todo lo que se puede lamer y lo que no, a la persona que amas (o a otra, oye, que tampoco vamos a ser tan tan quisquillosos). Haciendo ejercicio porque te apetece y te gusta y te sale del mismísimo escroto estar en forma y luego te vas a un jacuzzi con el agua a 36 graditos y las burbujitas bailando en tu espalda y jugueteando con tu pelo, luego te dan un masajito a cuatro manos con aceites aromáticos, mientras estas escuchando algo de música que te apetezca, no se así pa estar relajaditos por ejemplo a Mary Black, y después das un paseíto por bosque de Otoño de hojas caídas y suave sol brillando en la frente y los ojos. Pues si, estás más a gusto que un arbusto y más feliz que una perdiz.

Claro!, si por el contrario estas “reflexionando” sobre René Descartes el sistema de coordenadas cartesianas y las diferencias que en su filosofía introdujo Beruch Spinoza y el racionalismo del S. XVII pues chic@s te sientes más desgraciado que un tiburón tigre en el epicentro del desierto de Gobi.

Que, digo yo, no hacia falta mucho estudio pa eso. Con preguntarme a mi o a cualquier ser humano nacido en este planeta hubiera sido suficiente.

Otro de los datos que extrae el estudio es que los humanos son únicos en su habilidad para pensar sobre episodios del pasado, o el futuro, o episodios que podrían o no haber sucedido nunca. Vaya, vaya con el Sr. Killingswort y el Sr. Gilbert y su equipo de investigadores que dirigen. Se habrán roto los cuernos y las pelotas para llegar a esas conclusiones. No me veo yo a un gato aburrido en un tejado pensando en el porvenir, a que gatita le ronroneare mañana, ni me imagino a una perdiz tuerta agobiándose por lo que le paso en el mes de marzo del año 2007. Aunque claro, podemos deducir, que ellos son de las personas felices por no reflexionar mucho, porque si por lo que les pagan es por eso, deben de faltar “felicimetros” para medir la felicidad de semejantes personajes.

Decía, al respecto de la felicidad, Enrique Jardial Poncela dramaturgo patrio, que; hay dos maneras de conseguir la felicidad una, hacerse el idiota, otra, serlo. Y no se yo muy bien a que especie pertenecen los que han pagado este estudio.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

AUSENCIAS


Sucede a veces, a lo largo de la vida demasiadas veces, que perdemos a alguien que queremos, algún ser humano que ha compartido cosas importantes de tu vida desaparece de ella. Y no importa realmente cual es el motivo. Algunos son más dolorosos que otros, claro está.
Perdemos a gente importante de nuestras vidas por mil motivos diversos; Una pareja que nos abandona o que nosotros dejamos, para con los años darte cuenta que sus defectos no eran tan inaguantables y que eso que nació como lunar y se transformó en verruga, quizás fuera en realidad un precioso lunar. Un amigo que se traslada de ciudad, y los kilómetros y peajes de autopista, los olvidos de direcciones de correo electrónico y el trajín de la vida cotidiana hace desaparecer. El hijo mayor que tras la mayoría de edad, independencia económica y nuevos sueños decide visitarte los fines de semana,- uno de cada mil-. Lo peor; un ser querido que muere, un recuerdo que muerde y deja en la dermis de la piel la misma sensación que deja el vinagre en la heridas frescas.

Todo eso duele, esas faltas, esas ausencias duelen con la misma tensión que da el dolor de los sueños rotos. Como Gloria Fuertes decía en su poema: “el dolor envejece más que el tiempo”.

Esa sensación de abandono, de orfandad, construyen en el corazón, como si fueran arquitectos enviados por el más cruel de los demonios, un agujero negro, un hueco que no puedes llenar por más que te empeñes en rellenarlos con recuerdos, con nuevos sueños, con nuevos proyectos o con nuevas esperanzas. Y ese agujero negro de desconsuelo no puedes llenarlo, porque cada vez que, de un modo u otro, pierdes a un ser querido, a un ser amado, este al dejar tu vida y los olores de su piel abandonan tu ropa se va llevándose con él una brizna de tu inocencia. Y la inocencia perdida no se recupera. Jamás.

Acaso quede tan sólo un fuego que como mucho, deja en el patio del recuerdo las pavesas que se llevará el viento del tiempo, rastrojos que marcharan como marchan las buenas horas. Y las malas. Queda sólo el fin de lo que quizás jamás debió empezar, o lo que jamás debió de acabar. Es verdad todo tiene un principio y un final. Todo debe de empezar y acabar, claro que sí. Sin duda todo lo que empieza acaba; el amor, la amistad, los dioses y la vida. Esto no hace más fácil las ausencias que sufres o que provocas. No hace más fácil la mala memoria la angustia dejada en el camino, en el ojal de tu recuerdo.

Es inevitable pensar que todos aquellos/as que dejamos en el camino, sobretodo los que jamás recuperaremos, dejan no sólo una muy buena memoria de lo que se vivió y disfrutó y compartió. Tal vez una sonrisa por los cireres y els taronjes. En ocasiones se instala agazapado en la sinrazón del devenir del tiempo, un pellizco de intenso dolor en la carne y un miedo atroz en el corazón por no saber que será el futuro si ametller, llimoner, pomera o Figuera. Por no volver a verlo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

DIGNIDAD

Hace pocos día murió Marcelino Camacho. 92 años y un puñadito de meses de vida. 14 años y 6 meses los pasó en cárceles Franquistas. Años de exilio. Una vida para contar, una biografía para ser llevada al cine.

En su despedida, la palabra que más hemos oído todos a sido esa; DIGNIDAD, dignidad ante la vida, ante los reveses de la misma. Dignidad en la muerte. Ahora, simple y llanamente no está.

Empezó su batalla en post de los derechos laborales, en una época, difícil, oscura, sombría y gris de policías que pegaban con porras de madera y disparaban con balas de plomo. Empezó a luchar por tus derechos laborales, y los míos, y los de nuestros vecinos mucho antes de que la mayoría de los que leamos estas palabras naciéramos. En esa época ser sindicalista, luchar por los derechos de las personas, era algo mucho más que eso, mucho más; era posicionarse políticamente y obviamente era señalarse y colocarse en el lado contrario del poder del asesino, ponerse en el punto de mira.

Y es posible, que ese sindicalismo que Don Marcelino Camacho tan bien representaba, sea un sindicalismo trasnochado, pasado de moda. Pero las dictaduras, igual que las guerras no desaparecen, cambian de lugar o cambian de forma. Él lucho, entre otras cosas contra la dictadura del tirano y probablemente ahora estaría luchando contra la dictadura de los mercados, de las multinacionales que tan complacientemente están vaciando nuestros bolsillos, apretando nuestro cuello y forzando nuestra perdida de calidad de vida.

Marcelino siempre decía algo así como; “Ni nos doblegaron, ni nos domaron, ni nos van a domesticar” Lamentablemente creo que nos han doblegado con unos contratos basura, nos han domado con el miedo al futuro, nos han domesticado con un A-3 de segunda mano y unas vacaciones en low cost.

Si, Marcelino supongo que ya estarás paseando por los campos elisios, por el Parnaso junto a Cernuda, o por el cielo de los agnósticos, espero que antes de recibirte con fiestas y lisonjas en cualquiera de esos lugares te haya dado tiempo a pasarte por el infierno y escupirle a Franco, Hitler, Mussolini y al casi recién llegado Pinochet las verdades que ya les escupiste en vida.

Ve, ve al cielo con tus jerséis tejidos con manos de amor y esperanza, tejidos con la fuerza con la que tan sólo puede tejer una mujer que ama. Ve, ve allí con tus manos de hombre trabajador, con tus manos que acariciaron a mujer querida, con manos que escribieron en panfletos prohibidos que otro mundo es posible, que buenas condiciones laborales son posibles para todos. Ve, ve con tus manos de hombre al fin y al cabo. Despliega allí la dignidad del que lucho por los suyos, sin olvidar que todos son de los tuyos, con la honra del que hizo el trabajo lo mejor que pudo, con la respetabilidad de haber pasado casi quince años de vida en infames cárceles de castigo por tan sólo pedir lo que es justo, con el decoro de los intachables, con la decencia del que no se puso en venta, con la nobleza del que no se dejo comprar. Allí reúnete con tantos, que como tú se lo merecen, saluda a Mercedes sosa y a alguno de los míos. Ve, ve al cielo y proclama allí que todos tenemos derecho a alas

Lo que más me entristece de la muerte de este hombre de 92 años –no es mala edad para morirse, no, no lo es- es la sensación de que con hombres como el se desvanecen también un manojo de derechos de batallas y sueños que creíamos ganados ayer y que tengo la sensación de que perderemos mañana.

Y quien volverá a luchar por ellos? Cuando volveremos a conquistar esos castillos de viento? Quien pondrá pasión y alma y espíritu y buena letra a las leyes laborales? Tendríamos que llorarte querido amigo desconocido, tendríamos que llorarte con lágrimas de pena y de vergüenza. Pena por ti, y por los tuyos, por que se va un hombre noble (mucho más noble que aquellos que fueron a despedirte con sus chóferes y títulos nobiliarios). Vergüenza de perder por nuestra necedad y nuestras panchas contentas lo que tanto costo ganar, entre otras cosas catorce años y pico de talego.

Ve, ve al cielo, y desde allí bendice nuestro pan, inspíranos para que seamos realistas y pidamos lo imposible.