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martes, 27 de agosto de 2013

HAIKU

Dame un trocito,
de tu manzana.
Muerdela conmigo

martes, 23 de julio de 2013

ME GUSTA VOLVER.



Dice Joaquín Sabina en su maravillosa canción Peces de ciudad ( de todo su repertorio, esta está, sin duda, entre las 4 ó 5 primeras en mi lista de imprescindibles)“En Cómala comprendí, que al lugar donde has sido feliz no debes tratar de volver”. Miguel Ríos en su canción El Blues de la soledad, dice “ No preguntes más cosas, detén el olvido, entra a saco en la vida como un vendaval. Al lugar donde has sido feliz es mejor no trates nunca de regresar”. Y, oye!!, de ningún modo se me ocurriría contradecir a dos grandes maestros. No sé, tal vez sea la edad. Pero aquí, en esto, difiero con ambos. A mi si, a mi me gusta volver de tanto en tanto a esos lugares en los que he sido feliz.

Retozar un ratito en esos recuerdos. Ver una vez más, esa ciudad que tanto me gustó, con nuevos ojos. Respirar Venecia cuando llueve y cuando hace sol y ver que tal va aquel desconchón en calle Fiuvera o la “marea alta”. Volver a pasar por sus puentes y ver si, una vez más, me caeré en alguno de ellos. Volver a ver Montparnasse con la pupila más vieja. Repetir el mismo menú con boina y copas robadas en el Sena. Pisar una vez más la arena de mi playa. Maravillarme, de nuevo, con el ramillete de estrellas que brillan sobre Erg Chebbi y Hassi Labid. Probar tras años de maridaje de mi alma y mi piel si sigue sabiendo tan bien el Oporto escuchando fados en Alfama, mientras el Tajo sigue cadencioso su camino al Atlantico. Quiero volver, Fíjate , a ver como bailas tangos en San Telmo y que tal cantan las ballenas cuando dentro de unos años todo cambie para todo seguir igual. Me gusta, que le voy a hacer, volver una y otra vez a esos lugares en los que mi sonrisa dibujó una media luna en mi cara.

Claro está me encanta hacer cosas nuevas y descubrir, libros, rutas, paisajes, personas, momentos y músicas.

Pero, yo, quiero volver a releer ese libro que me emocionó y revisar esos sentimientos tras los años y las gotas de sudor que la clepsidra del tiempo va dejando perenne en la piel. Quiero, por ejemplo, volver a enamorarme de Glauka la vieja sirena y ver si ahora, con estas cuatro décadas, me siento más identificado con Ahram o con Krito. Me gusta volver a bailar entre letras cuyos compases ya creo conocer. Releo muchas veces los comics de mi juventud. Fíjate, será que aún creo que los buenos vencen sobre los malos.

Quiero volver, ya ves, cada noche a ese sueño en el que te encuentro desnuda y en el que tus pezones señalan la luna llena y tienen ese indescriptible e inconfundible sabor a mediterráneo y a Sal.

Volver a disfrutar, una vez más, esa copa ya bebida. Si, quiero probar nuevos vinos y los nuevos licores que la vida me brinde pero siempre querré volver a la ribera del Duero, y a los blancos de mi tierra.

Me gusta volver a ser ese lugar en el que te escondes. Ese recoveco en mi pecho en el que se posa tu cara cada vez que estas triste. Esos ojos en los que te reflejas cuando la vida te sonríe. Volver, incluso, a ese dolor, a esa amnesia del paladar que tiempo atrás se agazapó en el corazón.

Volver, a antiguos sonidos, a la banda sonora que acompaño mi niñez, los petardos de San Juan, las caídas en bicicletas, y las almenas de castillos en los que rompía mis huesos.

No creo que sea una cuestión de nostalgia o añoranza. No, no es eso. Tal vez tan sólo de ser igualmente feliz, en el mismo lugar en que lo fui. Serlo, nuevamente, con nuevos ojos, nueva vida, nuevas expectativas. Volver al mismo sabor con nuevo paladar.

jueves, 11 de julio de 2013

UN HAIKU PARA TI

Jugar, mirarte
bailarte en mis sueños
vivir queriéndote.

jueves, 4 de julio de 2013

SEX TIME

Hacía tiempo que no nos veíamos. De hecho, solíamos vernos tan sólo cuando tenías problemas. O cuando a mi me sobrevolaban penalidades.


Me sorprendió tu corte de pelo, siempre tan largo, tan arreglado, tan sedoso, y con un color tan natural. Me chocó vértelo corto, teñido de rojo, con flequillo cayendo sobre tus ojos negros y extremadamente pintados. Como si fueras algún tipo de bruja moderna. No era tu estilo pero estabas tremendamente guapa y sensual.

Me contaste de tus fracasos de estos últimos tres años, los que hacía que no nos veíamos ni teníamos más contacto que por pantallitas y maquinitas de por medio, de las nuevas heridas, de un divorcio complicado. Que dejaste el trabajo y volviste tras más de 20 años al tabaco.

Venias, decías, de un viaje por Rochefort y Saint Agnan. Francia siempre fue un buen lugar para irse a olvidar. Y allí me comentabas que te habías pasado los últimos tres meses buscando información e inspiración en Pauline Rèage porque querías escribir un libro, con historias similares a las que vivió O tras su paseo por el parque Montsouris Monceau.

-Desde cuando te gusta escribir? Te dije sonriendo y cogiendo tu mano. – no sé si me gusta, pero he dejado el curro y me apetece escribir una historia así-.

-Qué sabes de ese tipo de historias? - Te dije riendo casi a carcajadas y vaciando la primera botella de tinta de Duero.

-Nada, nada de nada jajajajajaja- y de nuevo tu sonrisa ilumino el mundo, y la estancia en la que estábamos.

Sería ese vino, no sé, o este fresquito del recién iniciado Otoño, o tu pelo rojo de bruja, o esa mirada de hembra perdida pero fuerte. No sé.

Qué tal si aprendemos algo más sobre el personaje de Anne Desclos?

-ufffffffff. Dijiste.

Decidí que se acabó el tiempo de hablar, de escuchar. Me fui hacia ti te cogí la muñeca izquierda, seguías llevando el reloj en la derecha. Mira algo que no había cambiado. Llevándote a la cocina cogí unas tijeras, te indiqué que cortaras las cuerdas en las que tendía la ropa. Lo hiciste obediente, sonriendo casi riendo, como si fuera un juego. Te miré con la mirada más acerada que tú habías visto. -Yo no estoy jugando-. Tú cara cambio un segundo como si te asustaras. Sonreí un poco y relajaste tu semblante.

Te lleve hasta la habitación y te puse cara a la pared, con la cuerda te di muy muy suavemente sobre los tejanos, justo debajo de tu cinturón negro. Callabas. Luego golpee fuertemente la cuerda contra el aire, chasqueando la brisa que recorría la habitación. Impetuosamente golpee el suelo y la pared, sin rozarte pero acercando ese improvisado látigo a tu piel morena. Te diste la vuelta y me miraste. Me acerque a ti con la cuerda en una mano y mi cinturón en la otra. Aparte tu flequillo rojo de tus ojos y mi lengua bailo con tu lengua del mismo modo que danzan los demonios en los aquelarres de invierno.

Te quité la ropa casi a mordiscos, casi a arañazos. Mi lengua bajó por tu barbilla, tu cuello. Me entretuve en ese delicioso hueco que se forma al final de tu cuello y deje allí mi saliva. Lamí tus pechos y mordí tus pezones. –Ahhhhhhhhhhhh- dijiste. Yo no dije nada. Seguí bajando y bajando, mis dientes se encargaron de rasgar tus braguitas, mis manos de acabar de arrancarlas. Escupí en ese lugar antes tapado por esa pequeña pieza de encaje morado. Introduje un dedo, dos, tres. Tú echabas para atrás tu cabeza. Intentabas de modo baldío cerrar tus piernas.

Deje de golpe lo que estaba haciendo, te cogí en brazos y te tumbe en la cama. Con mi cinturón, el tuyo, y la cuerda até tus manos y tus pies te quedaste, desnuda de cuerpo y con un alma aún escondida, en forma de X sobre la cama. Aún sonreías. Me mirabas, yo seguía vestido. Descalzo, tejanos y camiseta negra. Me quite la camiseta, la hice jirones y fui a tapar tus ojos. Apartabas tu cara, jugueteando como diciendo que no. Te abofetee suavemente la cara. Susurraste algo parecido a – hazlo otra vez- pero no sé lo que decías, lo hice algo más fuerte. Tape tus ojos y algo parecido a tu sonrisa se enseñoreo en tu cara.

Abrí la ventana y el ligero frio otoñal se adueño de tus pezones endureciéndolos. – donde estas?- -Eiiiiiiiiii, donde estas?- te deje un rato sola. Puse música, y mientras sonaba lascio ch’io panga me acerque de puntillas a la cama en la que permanecías atada, inmóvil, y con los ojos tapados. Lamí, impúdico tus oídos, olí tu pelo y tu cuello. Cogí una botella de vino y con ella empecé a acariciar todo tu cuerpo, pasándola por tu vientre y dejando que lamieras con tu lengua el frio y verde cristal. Llegue con la botella a tus muslos abiertos e imposibles de cerrar por las cuerdas que ataban tus piernas. Un ligero semblante de terror se aposentó en tu rostro.

Dejé la botella rozando tus muslos y el final de estos. Me acerqué a tu cara y te besé. Tu boca primero permaneció cerrada, un segundo o tal vez dos, luego la abriste desesperada lamiendo mi lengua mi barbilla mi cara y mi barba de dos días. Deje mis manos que aún mantenían tu sabor entre los dedos al alcance de tu lengua libertina. No desaprovechaste la oportunidad de lamer tu sabor. Quité la botella de ese lugar. La abrí y bebí un pequeño sorbo de vino que compartí con tu boca. Derramándolo entre tus labios. Bebías ansiosa. Y yo mordía tu lengua. Bajé hasta el sur de tu ombligo y mordí, lamí, y bese ese lugar que sin duda habías depilado pocas horas atrás. Te arranqué varios orgasmos. Ya no intentabas zafarte de las cuerdas ni de las ataduras.

-desátame- dijiste varias veces y yo te ataba más fuertemente. –Quítame la venda- a esto accedí tras algunas de tus petits morts. Ahora si, tras esto me quité los pantalones y me quede tan desnudo como tú. Te miré a los ojos, me mirabas complacida. Entré dentro de ti. Salí y deje que todo lo que en ese momento debía de salir de mi se esparciera sobre tu vientre, sobre tu pecho y sobre tu cara.

Estabas lindísima, atada, con hilos blancos que rápidamente iban transparentándose esparcidos por tu cuerpo. Especialmente morboso me pareció uno de esos pequeños hilos en tu ojo ya enrojecido.

Te desaté, acabamos el vino, los abrazos, los recuerdos y los besos. - Ya me dejarás leer tú libro guapa- te dije antes de marchar. Te despediste de mí con dos besos.



jueves, 6 de junio de 2013

PODRÍA

PODRÍA
Podría escribir sobre las mujeres que me amaron, a las que amé, y con las que ahora tan sólo comparto un pasado, unas caricias olvidadas en la espalda, alguna canción y una puerta cerrada, unos recuerdos, alguna herida y una piedra en la mochila. Ese ligero aire de incerteza que de vez en cuando se entretiene en mi pelo jugando con lo que pudo ser y no pasó.

Podría escribir de la indignación y la rabia que se aprieta en mis nudillos al escuchar las frías cifras de paro, lo truculento de un desgraciado que mata mujeres en su gimnasio. Sobre el enojo que aprieta en mi cabeza al leer que van a expedientar a un bombero que rehusó desahuciar de su casa a una anciana. Sobre la admiración a hombres como este y sobre el deseo de defenderle en ese expediente. (amigo no leerás esto, pero aquí estoy.)

Podría escribir sobre este recién nacido verano, sobre las canciones que he olvidado y los nombres que han pasado sin pena ni gloria a mi lado. Sobre las puertas abiertas que los rayos de sol dejan a la madrugada en el quicio de tu puerta. Sobre el delicioso sabor del vino cuando es compartido, con risas o con lagrimas. Sobre las cervezas fresquitas que compartiremos cuando el sol se esconda tras las montañas de mi playa. Sobre el delicioso sabor del pan de centeno, del queso y la uva en tu boca.

Podría escribir, ya ves, sobre los poemas de Catulo, o tal vez coger esta poesía  de Omar Khayyam :  ¿Que yo del vino soy devoto ciego?
        Y bien, lo soy.
¿Que soy infiel, idólatra del fuego?
        Y bien, lo soy.

Cada uno de mí en su idea fía;
mas yo, dueño de mí, tengo la mía:
         Soy lo que soy.
y comentarlo divertido y afable  intentando esclarecer las trampas que habitan en el corazón y sus recovecos.

Podría escribir sobre los cuentos que aún no te he contado,  o de aquellos que te he susurrado en las lunas de cuarto menguante, de vino y de rosas. Sobre la vida tras el arcoíris y sus manzanas. Sobre dioses olvidados. Sobre el lugar en que se enseñorearon héroes y villanos. Sobre la arena del desierto y el brillo de su noche. De la soledad del cierzo y la tristeza en tramontana. De la alegría que nos espera tras esa esquina. De este mundo que está bajo nuestros pies.

Podría escribir de las llaves que guardan secretos y de las que abren los libros escondidos bajo ellas. De lámparas de plata y terciopelo. De sirenas y serpientes. De un sol de invierto. De la huella de tu voz recorriendo el sendero de los dias. De un caballo loco, del incienso encendido. De las velas alumbrando el cuadro de Glorian Gray. De sexo al sur de tu ombligo y al final de tu espalda, de la saliva compartida. De los días que vendrán, de las noches olvidadas.

Podría escribir sobre el millón de agujas y rayos de luna que tus ojos clavan en mi mirada. Sobre la fiera que viviría por aquí cerca si mi paz no se meciera en tus rizos. Sobre el delicioso sonido que hacen tu culo y la palma de mi mano. Sobre el gozo asentado en mis manos, cuando mis dedos juegan con tu pelo, y tú, soplando, lo apartas de tu cara. Sobre el vacío carmesí que se aposenta en mi cama cuando duermo tan solo como algunas estrellas. Sobre la sequía de mi boca sin la humedad de tus labios.

Pero hoy,  ya ves, hoy…..  mis dedos estarán quietecitos y no escribiré  nada.



martes, 14 de mayo de 2013

VIVIENDA. DESALOJOS. ESCRACHES....




Últimamente parece que algunos se desgarran las vestiduras porque una cuantas personas acudan a la puerta de su casa a expresar su opinión. ¿tanto miedo da la verdad? ¿la voz?

Unas personas que están cansadas, hartas y hastiadas de ser los débiles, los perdedores, a los que siempre les toca la hiel y la sal, a los que se les niega la felicidad, para que unos pocos tengan la miel y las rosas a raudales. Ya está, ya está bien. Seamos serios y llamemos las cosas por su nombre.

La vivienda, la vivienda digna es un derecho y no sólo porque lo diga el artículo 47 de la constitución.  “”Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necearias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación…” No sólo por este precepto constitucional, que se olvida mientras se enarbolan algunos otros como si fueran leyes divinas, sino porque el más elemental de los sentidos nos hace ver la necesidad de salvaguardar un hogar. De tener un sitio donde reís y llorar, donde vivir y pacer.

Este derecho, se está conculcando cada vez más, en virtud del derecho, legitimo por otro lado, de hacer negocio, de prosperar y de crecer que tienen los bancos. Pero si bien es cierto que estos bancos están en su derecho de hacer negocios. Estos deben de hacerse con unos límites, con una razón. Tenemos dos bienes jurídicos protegidos que chocan como trenes en la noche. A saber; el de todo ser humano a vivir con dignidad, y el de los bancos a hacer sus negocios. Pero no nos olvidemos de un principio que debe regir, no sólo nuestro derecho, sino que debería regir también nuestras vidas “el Fabor Debitoris”  Algo así como la protección a la parte más débil.

Es obvio, la parte más débil es el desahuciado, el que echan de su casa, al que le quitan el pan y la sal, al que le roban los recuerdos y lo expulsan a patadas de su hogar dejando en ella los cuadros por recoger, los recuerdos marchitos, el olor del sudor por la pasión y el miedo. Los echan de sus casas dejando allí, las primeras sonrisas de sus hijos, los primeros pasos de sus nietos, los callos de sus manos cansadas de trabajar para levantar durante años lo que algunos se llevan en minutos. Dejan allí, ya ves, el desconsuelo y el aroma del último guiso aderezado con lagrimas y pimienta. No pueden los bancos desahuciar los cachos de corazón que quedan colgados en el techo y enraizados en las lámparas. Las risas que han recorrido el viento que entra por las ventanas. El ruido sordo de los gemidos de la noche anterior. Lo eterno del silencio que queda tras abrirse la puerta de una patada de la policía con un secretario judicial detrás y un directivo del banco con una corbata del precio de todos los muebles en el cuello, intentando tal vez, tapar sus vergüenzas.

Hay mil soluciones, mil maneras. No son nuevas ni las quitas ni las esperas. Debemos de proteger al débil, es una obligación moral, es lo que nos convierte en humanos. Podemos adoptar la dación en pago. Una quita de la deuda adecuada al valor de mercado. Una espera, el banco firma una hipoteca de treinta años (donde está el problema si está unos meses sin cobrar hasta que la parte más débil de ese contrato vuelva a trabajar?)

No es extraño que muchos acudan a los domicilios de algunos a gritar su desesperación y hartazgo. Estos, los gritados se escudan en su derecho a la intimidad. Cogen la Constitución como si fuera un escudo que sólo protege a ellos.

Esa misma constitución en su artículo 10 nos dice: Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificaos por España.  Y esta, la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 (ratificada por nuestro país muuuuucho más tarde) establece en su preámbulo: …”Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión…”

Luego, los escraches, o como diablos quieran llamarlo. No sólo son moralmente comprensibles, y razonables. Sino que deviene en una actitud legal. Es licito y coherente que alguien que ve como caen las estrellas sobre su pelo porque no tiene techo, que ya se le han secado las lagrimas de sinrazón y desconsuelo, que ya no sangran sus heridas porque su cuerpo no alberga más sangre, y que todo esto es así porque el estado no le protege y prefiere ayudar a un muypoderoso banco. Es legitimo, como decía, rebelarse. Y hacerlo, con un par de pancartas es una opción más que educada y respetuosa.

viernes, 3 de mayo de 2013

IMAGÍNATE.




Imagínate un mundo en que las nubes sólo fuera algo colgado en el cielo y no escondiera en sus formas leones, serpientes, conejos blancos o dragones a punto de vomitar, por su boca de afilados dientes, el rojo fuego  que anuncia el final vespertino del día. Imagina que  los millones de granos de arena de la playa no  escondieran castillos para que guardemos en sus almenas, empapadas del agua salada del mediterráneo, nuestra sonrisa y besos.

Imagina que la cerveza fresquita del norte tan sólo quita la sed, que el vino tinto de la ribera del Duero, del somontano, de montsant, o los blancos de rueda tan sólo sirvieran a aquellos que no les gusta el agua fría. Que el sol en su lento camino diario desde su cuna del este hasta su cama del oeste tan sólo calentara las cosechas. Que las estrellas y las pleyades no escondieran, en su resplandor nocturno, la certeza de que mañana puede ser mejor.

Imagínate que los poemas y las canciones de amor no  traen, secretamente, mi recuerdo a tu pelo, que una vela tan sólo tiene el valor de la luz que da su llama, que la lumbre de la llar de foc exclusivamente da calor a tus huesos. Que las sombras que danzan al son del replicar de esa fogata lo hiciera con precisión matemática y predecible, que las brasas que quedan tras el fuego no quemasen.

Imagínate que todo estuviera escrito, que la esperanza ya hubiera escapado del ánfora de pandora. Que la mantis  no hubiera robado el fuego al avestruz. Imagina que el futuro fuera cierto, que nadie te esperara al final del día. Que todas las preguntas tuvieran respuesta. Que el cuadrado cupiera en un círculo, que el reloj no diera las horas.

Imagínate que podemos explicar el amor. Que no me echas de menos.

Imagínate que no encuentras acomodo en los recovecos de mi pecho, que  mi verbo no es placentero en tu oído. Imagina que mi secreto no está en tu pelo, que no tienes dulces sueños, que no sueñas conmigo. Imagínate que me miras a los ojos y sólo ves un hombre.

Imagínate que Omar Khayyam sólo hubiera sido astrónomo y matemático y se hubiera olvidado de la poesía, que  Pablo Neruda se hubiera quedado sin cartero, que  Cernuda se hubiera quedado sin visitar el parnaso. Que ninguna saeta hubiera acertado a San Sebastián.

Imagínate que despiertas sin fuerzas ni esperanza, que todo estuviera hecho, que el olor del café no sorprendiera cada día, que su aroma no se enraizara perdido entre los dedos. Que todos dijéramos siempre la verdad, que siempre fuera verano. 

Imagínate que París es sólo una ciudad plagada de gente. Roma un lugar con viejos monumentos. África un lugar de animales salvajes. Londres un sitio donde beber cerveza o Albarracín un lugar olvidado. Imagina que Granada no tiene al albaicín. Que no nieva en el vall d’ Aran. Que no puedes perderte en Marrakech ni oler curry en Estambul. Que en Lisboa no sirven buen pescao.

Imagínate un mundo sin cínicos ni epicúreos. Que al golpear las palmas de las manos contra un tronco de árbol sólo hay ruido y no música. Que no puedes volver, que no hay marcha atrás. Que tu sombra no te siguiera. Que al dormir sólo descansaras, que jamás te visitaran en sueños. Que nunca te hubieran robado un trozo de corazón. Que nunca te invitan a cenar.

Imagínate que los dioses murieran sin dejarnos leyendas, que el oro del rin fuese de plata y su anillo no cupiera en tu dedo. Imagina que tras el arco Iris no hay manzanas que curan el alma. Imagina que todo está descubierto, que no hay una sorpresa tras cada esquina, que te conformas con lo que hay.

Imagínate que no tuvieras sueños.